Para entender por qué recomendamos tanto la exfoliación, hay que entender primero la epidermis. La epidermis es la capa externa de la piel, es lo que tocamos cuando hacemos contacto con alguien y es la capa que nos hace prácticamente impermeables. La epidermis evita que absorbamos a nuestro torrente sanguíneos substancias peligrosas con las que entramos en contacto, pero también evita que perdamos el agua de dentro de nuestro cuerpo al ambiente.
La epidermis se conforma de varias subcapas de diferente espesor según la parte de nuestro cuerpo y bajo esta capa está la dermis. En la frontera entre la dermis y la epidermis, se encuentras las células epidérmicas base, las cuales se dividen por un proceso de mitosis. Una de las células se va a continuar su camino por diferentes subcapas de la epidermis mientras que la otra se queda en la base para seguirse dividiendo en el futuro. La que sigue su camino hacia las siguientes subcapas de la epidermis irá poco a poco secándose, pasando de un 70% a un 10-15% de contenido de agua. Con el paso de los días, la célula irá perdiendo sus funciones hasta morir en la superficie y soltarse de la piel. Este proceso dura aproximadamente 30 días. Sin embargo, con el paso de los años este período se va alargando hasta 40-45 días y las células muertas comienzan a tener problemas para soltarse de la piel.
Al exfoliar la piel estamos haciendo dos cosas. Primeramente, soltando esas células muertas para exponer células más frescas y con mejor apariencia. Pero también estamos mandando una señal al cuerpo de que las células en la base deben de acelerar su proceso de división porque las células de la subcapa exterior ya se han ido, y así tratando de regresar el ciclo de renovación celular a uno menor.
Existen dos tipos de exfoliación, la más común es la exfoliación física. En está se utiliza una fuerza mecánica para romper los lazos que todavía permanecen entre las células muertas y el resto de la piel. Aquí se pule suavemente la piel con partículas sólidas, pero se debe tener cuidado en que sean partículas muy finas que no sean demasiado abrasivas con la piel (evitar la sal, la arena, el azúcar) para prevenir microcortadas e irritación. También recomendamos evitar los exfoliantes de microplásticos o nanoplásticos que contaminan nuestros océanos.

Nuestra propuesta sustentable y suave con la piel la encuentras en nuestro Exfoliante Facial, el cual cuenta con partículas ultrafinas de cardamomo, tepezcohuite y caolín para pulir sin dañar la piel. Recomendamos su uso en la regadera, ya que en ese ambiente la piel se suaviza y los poros se abren con el calor, dando una limpieza más profunda. También se puede utilizar en combinación con un baño de vapor o después de humedecer el rostro con agua caliente.
El segundo tipo de exfoliación es la exfoliación química, la cual utiliza ácidos suaves (Alfa Hidroxiácidos o AHA), extraídos principalmente de frutas, azúcar o fermentos para disolver los enlaces entre las células muertas y las vivas. Pueden ser utilizados de manera diaria en bajas concentraciones, como en nuestro Tónico Exfoliante, o en altas concentraciones una vez por semana como en nuestra Mascarilla Exfoliante.
Este segundo tipo de exfoliación es más recomendable para personas con piel sensible, no obstante, se recomienda ir generando tolerancia poco a poco, ajustando la frecuencia de uso, y en el caso de la mascarilla, el tiempo en contacto con la piel, empezando con 5 minutos y progresivamente aumentarlo hasta 30 o 45min. Evita siempre el contacto con el área de los ojos, piel quemada o herida.
La exfoliación es una muy buena herramienta para mantener el aspecto de nuestra piel más fresca y renovada. Sigue las indicaciones y no excedas el uso recomendado para obtener los mejores resultados.

Para entender por qué recomendamos tanto la exfoliación, hay que entender primero la epidermis. La epidermis es la capa externa de la piel, es lo que tocamos cuando hacemos contacto con alguien y es la capa que nos hace prácticamente impermeables. La epidermis evita que absorbamos a nuestro torrente sanguíneos substancias peligrosas con las que entramos en contacto, pero también evita que perdamos el agua de dentro de nuestro cuerpo al ambiente.
La epidermis se conforma de varias subcapas de diferente espesor según la parte de nuestro cuerpo y bajo esta capa está la dermis. En la frontera entre la dermis y la epidermis, se encuentras las células epidérmicas base, las cuales se dividen por un proceso de mitosis. Una de las células se va a continuar su camino por diferentes subcapas de la epidermis mientras que la otra se queda en la base para seguirse dividiendo en el futuro. La que sigue su camino hacia las siguientes subcapas de la epidermis irá poco a poco secándose, pasando de un 70% a un 10-15% de contenido de agua. Con el paso de los días, la célula irá perdiendo sus funciones hasta morir en la superficie y soltarse de la piel. Este proceso dura aproximadamente 30 días. Sin embargo, con el paso de los años este período se va alargando hasta 40-45 días y las células muertas comienzan a tener problemas para soltarse de la piel.
Al exfoliar la piel estamos haciendo dos cosas. Primeramente, soltando esas células muertas para exponer células más frescas y con mejor apariencia. Pero también estamos mandando una señal al cuerpo de que las células en la base deben de acelerar su proceso de división porque las células de la subcapa exterior ya se han ido, y así tratando de regresar el ciclo de renovación celular a uno menor.
Existen dos tipos de exfoliación, la más común es la exfoliación física. En está se utiliza una fuerza mecánica para romper los lazos que todavía permanecen entre las células muertas y el resto de la piel. Aquí se pule suavemente la piel con partículas sólidas, pero se debe tener cuidado en que sean partículas muy finas que no sean demasiado abrasivas con la piel (evitar la sal, la arena, el azúcar) para prevenir microcortadas e irritación. También recomendamos evitar los exfoliantes de microplásticos o nanoplásticos que contaminan nuestros océanos.
Nuestra propuesta sustentable y suave con la piel la encuentras en nuestro Exfoliante Facial, el cual cuenta con partículas ultrafinas de cardamomo, tepezcohuite y caolín para pulir sin dañar la piel. Recomendamos su uso en la regadera, ya que en ese ambiente la piel se suaviza y los poros se abren con el calor, dando una limpieza más profunda. También se puede utilizar en combinación con un baño de vapor o después de humedecer el rostro con agua caliente.
El segundo tipo de exfoliación es la exfoliación química, la cual utiliza ácidos suaves (Alfa Hidroxiácidos o AHA), extraídos principalmente de frutas, azúcar o fermentos para disolver los enlaces entre las células muertas y las vivas. Pueden ser utilizados de manera diaria en bajas concentraciones, como en nuestro Tónico Exfoliante, o en altas concentraciones una vez por semana como en nuestra Mascarilla Exfoliante.
Este segundo tipo de exfoliación es más recomendable para personas con piel sensible, no obstante, se recomienda ir generando tolerancia poco a poco, ajustando la frecuencia de uso, y en el caso de la mascarilla, el tiempo en contacto con la piel, empezando con 5 minutos y progresivamente aumentarlo hasta 30 o 45min. Evita siempre el contacto con el área de los ojos, piel quemada o herida.
La exfoliación es una muy buena herramienta para mantener el aspecto de nuestra piel más fresca y renovada. Sigue las indicaciones y no excedas el uso recomendado para obtener los mejores resultados.